La ciudad alicantina logra el European Green Leaf 2028 y convierte la sostenibilidad en un nuevo argumento para reforzar su posicionamiento turístico internacional
Benidorm, durante décadas identificada como uno de los grandes símbolos europeos del turismo de sol y playa, añade ahora una credencial diferente a su imagen internacional. La ciudad ha sido distinguida con el European Green Leaf 2028, reconocimiento que compartirá con la localidad portuguesa de Estarreja y que pone el foco en su evolución en materia de sostenibilidad, gestión de recursos y adaptación urbana.
El reconocimiento tiene una lectura especialmente relevante para el sector turístico. Benidorm no parte del modelo habitual de pequeño destino verde o enclave de naturaleza, sino de una realidad mucho más compleja: una ciudad que recibe una elevada presión turística y que debe gestionar durante todo el año alojamiento, movilidad, agua, energía, residuos, playas y servicios para una población que se multiplica con la llegada de visitantes.
Por eso, el European Green Leaf supone algo más que una distinción ambiental. Permite a Benidorm incorporar la sostenibilidad a su posicionamiento turístico y cuestionar una idea arraigada durante años: que los destinos con gran concentración de visitantes son necesariamente incompatibles con una gestión eficiente de los recursos.
Benidorm convierte la sostenibilidad en parte de su marca turística
La evolución resulta significativa porque la imagen exterior de Benidorm ha estado tradicionalmente asociada a sus rascacielos, playas, hoteles y elevada densidad de visitantes. Ahora, la ciudad intenta añadir otro elemento a ese relato: la capacidad de gestionar esa intensidad turística con criterios de sostenibilidad ambiental, eficiencia y adaptación al cambio climático.
El cambio de narrativa no significa renunciar al modelo que ha convertido al municipio en una de las principales referencias vacacionales del Mediterráneo. La apuesta consiste precisamente en demostrar que un destino turístico maduro puede evolucionar sin abandonar su principal actividad económica.
La gestión del agua, la movilidad, la eficiencia energética, la calidad urbana y las políticas frente al cambio climático se convierten así en factores que afectan directamente a la competitividad turística.
Para un destino como Benidorm, la sostenibilidad deja de ser únicamente una cuestión ambiental y pasa a formar parte de su capacidad para continuar recibiendo visitantes sin deteriorar los recursos que hacen posible esa actividad.
Del turismo de masas a un laboratorio de gestión turística
La paradoja es uno de los elementos que otorgan mayor fuerza al reconocimiento europeo. Durante décadas, Benidorm ha sido utilizada como ejemplo del turismo de masas. Su concentración hotelera, su urbanismo vertical y el elevado número de visitantes han alimentado una imagen que en muchas ocasiones se ha contrapuesto a los nuevos modelos de turismo sostenible.
El European Green Leaf introduce una lectura distinta. La elevada densidad puede plantear problemas de presión sobre los recursos, pero también permite concentrar servicios, infraestructuras y desplazamientos en un espacio relativamente reducido. En lugar de una expansión urbana dispersa, el modelo vertical concentra buena parte de la actividad turística.
El debate resulta especialmente interesante en un momento en el que numerosos destinos europeos buscan fórmulas para compatibilizar su éxito turístico con las necesidades de los residentes, la protección del territorio y la reducción del impacto ambiental.
Benidorm se convierte así en un caso de estudio sobre una cuestión que afecta al conjunto del sector: cómo hacer más sostenible un destino que no puede ni pretende dejar de ser intensamente turístico.
La gestión del agua, una pieza clave del modelo de Benidorm
Uno de los grandes desafíos para cualquier destino mediterráneo es el agua. La combinación de sequías, aumento de las temperaturas, presión turística y crecimiento de la demanda obliga a mejorar la eficiencia de las redes y reducir las pérdidas.
En este terreno, Benidorm ha situado la gestión del agua entre los pilares de su estrategia de sostenibilidad. La cuestión tiene una importancia que va más allá del ámbito ambiental. Garantizar el suministro en periodos de máxima ocupación es también una condición para mantener la calidad del destino y la actividad de hoteles, restaurantes, comercios y servicios turísticos.
La reutilización, la eficiencia y la aplicación de tecnología a la gestión de recursos se han convertido de esta manera en herramientas de competitividad. En un escenario de cambio climático, los destinos capaces de gestionar mejor recursos limitados tendrán también una mayor capacidad para mantener su actividad turística a largo plazo.
Movilidad y energía entran en la ecuación turística
La sostenibilidad de un destino tampoco depende únicamente de lo que ocurre dentro de los hoteles. La forma en que turistas y residentes se desplazan, el consumo energético de las infraestructuras, la calidad de los espacios públicos o la capacidad para reducir emisiones forman parte de una misma ecuación.
En el caso de Benidorm, la concentración de buena parte de la oferta turística permite que numerosos desplazamientos dentro del municipio puedan realizarse a pie o mediante transporte público.
La mejora de la movilidad, la eficiencia energética y la adaptación de la ciudad a temperaturas cada vez más elevadas son elementos que influyen tanto en la vida cotidiana de los residentes como en la experiencia del visitante.
Ese punto resulta fundamental para entender el nuevo enfoque de la sostenibilidad turística: no se trata simplemente de aplicar medidas ambientales destinadas al viajero, sino de mejorar el funcionamiento general del destino.
La sostenibilidad también afecta a la experiencia del turista
Una ciudad con menor congestión, espacios públicos mejor preparados, servicios eficientes y una gestión adecuada de los recursos ofrece también una mejor experiencia turística. Por eso, sostenibilidad y competitividad empiezan a ser conceptos cada vez más difíciles de separar.
Los destinos que reduzcan problemas relacionados con movilidad, agua, residuos o saturación estarán mejor posicionados para mantener su atractivo en un mercado internacional donde el viajero presta cada vez más atención a la calidad del entorno.
Un reconocimiento con valor para la promoción internacional
El European Green Leaf 2028 proporciona además a Benidorm un argumento promocional que va más allá del mercado tradicional de sol y playa. La ciudad puede utilizar el reconocimiento para reforzar su presencia en segmentos donde la sostenibilidad pesa cada vez más en las decisiones de operadores turísticos, empresas, administraciones y viajeros. También contribuye a ampliar la percepción internacional del destino.
Benidorm seguirá siendo reconocida por sus playas, su oferta hotelera y su capacidad para recibir grandes volúmenes de visitantes, pero el objetivo pasa por incorporar a esa imagen conceptos como innovación, eficiencia y gestión sostenible. Para un destino turístico maduro, conseguir que la marca evolucione sin perder reconocimiento es uno de los retos más complejos.
Benidorm busca demostrar que volumen y sostenibilidad no son incompatibles
La distinción europea llega además en pleno debate sobre los límites del crecimiento turístico en España. Destinos como Baleares, Canarias, Barcelona o Málaga están revisando la relación entre número de visitantes, vivienda, movilidad, recursos naturales y calidad de vida de los residentes.
Benidorm introduce una perspectiva diferente en esa discusión. Su modelo no se basa necesariamente en reducir drásticamente la actividad turística, sino en gestionar de manera más eficiente una elevada concentración de visitantes.
Eso no elimina los desafíos asociados a un destino de gran intensidad turística, pero abre una cuestión relevante: quizá el debate sobre sostenibilidad no deba limitarse únicamente a contar turistas, sino también a analizar cómo se utiliza el territorio, cuánto recurso consume cada visitante y con qué eficiencia se gestionan las infraestructuras.
La sostenibilidad se convierte en ventaja competitiva
El reconocimiento European Green Leaf 2028 representa, en definitiva, un cambio relevante en la imagen que Benidorm quiere proyectar hacia el exterior. La ciudad que durante décadas simbolizó el crecimiento acelerado del turismo mediterráneo busca ahora convertirse también en referencia sobre cómo gestionar un destino turístico consolidado en un contexto marcado por el cambio climático y la necesidad de utilizar mejor los recursos. El reto será mantener esa evolución y demostrar que los reconocimientos se traducen en resultados medibles para residentes, empresas y visitantes.
Pero desde el punto de vista turístico, el cambio ya tiene consecuencias: la sostenibilidad deja de ser un complemento de la promoción de Benidorm para convertirse en uno de los argumentos con los que la ciudad quiere competir internacionalmente.
Y ahí reside probablemente la parte más interesante de la historia. No se trata de que Benidorm haya dejado de ser un destino de turismo intensivo. Se trata de que uno de los grandes referentes europeos de ese modelo intenta demostrar que incluso los destinos con millones de visitantes pueden transformar la manera en que gestionan su éxito.













