El Ayuntamiento de Barcelona plantea aumentar de forma progresiva el recargo municipal que pagan los cruceros de escala. Los pasajeros que permanezcan menos de 12 horas en la ciudad pasarán de abonar 11 euros actualmente a un total de 30 euros en 2030.
La Mesa del Turismo de España advierte de la pérdida de competitividad de Barcelona ante la propuesta de triplicar la tasa turística a los cruceristas. La organización ha expresado su preocupación por la propuesta legislativa y advierte de que el incremento puede reducir la competitividad de Barcelona como uno de los principales puertos de cruceros del Mediterráneo.
Barcelona avanza hacia un nuevo incremento de la fiscalidad aplicada a los cruceros de corta estancia. El Ayuntamiento prevé elevar progresivamente hasta 2030 el recargo municipal que pagan los cruceristas que permanecen menos de doce horas en la ciudad, de forma que la tasa turística total alcance los 30 euros por persona.
En la actualidad, estos visitantes pagan 11 euros: seis euros correspondientes al Impuesto sobre las Estancias en Establecimientos Turísticos (IEET) de la Generalitat de Catalunya y otros cinco euros de recargo municipal.
El cambio supondrá que el recargo correspondiente al Ayuntamiento aumente hasta los 24 euros en 2030. Sumados a los seis euros del impuesto autonómico, la factura total para los cruceristas de escala alcanzará los 30 euros.
Barcelona quiere desincentivar los cruceros de corta estancia
El objetivo declarado por el Ayuntamiento de Barcelona es reducir el atractivo de una modalidad turística caracterizada por concentrar un elevado número de visitantes durante pocas horas.
La propuesta de modificación del recargo municipal superó el 22 de septiembre su trámite en la Comisión de Economía y Hacienda con el apoyo de PSC, Junts y ERC. Barcelona en Comú, PP y Vox votaron en contra, aunque BComú defiende también un aumento de la fiscalidad y reclama que la subida se aplique de manera inmediata.
La iniciativa deberá pasar ahora por el Pleno Municipal previsto para el viernes 25 de septiembre. De obtener la aprobación inicial, se abrirá posteriormente el periodo de información pública. El calendario manejado por el consistorio sitúa la posible aprobación definitiva antes de que termine 2026.
La tasa a los cruceristas aumentará progresivamente hasta 2030
El gobierno municipal apuesta por aplicar la subida de manera escalonada en lugar de concentrarla en un único ejercicio. La previsión contempla que el recargo municipal pase de los cinco euros actuales a 12 euros en 2027 y continúe aumentando hasta alcanzar los 24 euros en 2030. Con el impuesto autonómico, el desembolso total llegaría entonces a los 30 euros.
Según el Ayuntamiento, la progresividad pretende aportar mayor seguridad jurídica a la aplicación de la nueva fiscalidad, de acuerdo con las consideraciones recogidas en un informe del Consejo Tributario municipal.
La medida se enmarca, además, en una estrategia más amplia de Barcelona para gestionar la presión turística y, en particular, el impacto de los cruceros que realizan escalas de pocas horas. El consistorio ya había expresado su intención de utilizar la fiscalidad para que esta actividad contribuyera en mayor medida a sufragar servicios públicos como limpieza, mantenimiento o seguridad.
Barcelona calcula una recaudación anual de 23,7 millones de euros
La subida tendrá también un impacto relevante sobre los ingresos municipales. Los cálculos del Ayuntamiento apuntan a que, si el volumen de cruceristas de corta estancia se mantiene estable, el nuevo recargo podría generar alrededor de 23,7 millones de euros anuales una vez completado el incremento previsto.
El consistorio sostiene, sin embargo, que el propósito principal de la medida no es incrementar la recaudación, sino desincentivar este modelo de visita y reducir sus efectos sobre el espacio urbano.
Los cruceros, en el centro de la política turística de Barcelona
La fiscalidad de los cruceros en Barcelona se ha convertido en una de las principales herramientas utilizadas por el Ayuntamiento para intervenir sobre el turismo de corta duración.
El foco se sitúa especialmente sobre los pasajeros en tránsito que desembarcan en la ciudad durante unas horas y regresan después al barco sin pernoctar. Esta modalidad concentra miles de visitantes en franjas horarias reducidas y es una de las actividades sobre las que el gobierno municipal pretende actuar mediante mayores impuestos y medidas de gestión turística.
Si el calendario administrativo previsto se cumple, la nueva regulación podrá quedar definitivamente aprobada antes de terminar 2026 y el incremento comenzará a desplegarse a partir de 2027.
El horizonte fijado es 2030. Para entonces, visitar Barcelona como crucerista de corta estancia supondrá pagar una tasa turística total de 30 euros, casi tres veces más que los 11 euros actuales.













