La sostenibilidad deja de ser solo una cuestión ambiental y gana peso como criterio social, económico y territorial en la forma de viajar
Los viajes sostenibles han dejado de entenderse únicamente como una elección vinculada al medio ambiente. La conversación turística se está desplazando hacia una mirada más amplia: cómo se reparte el gasto en destino, qué presión soportan las ciudades, cómo afecta el clima a la planificación y hasta qué punto las comunidades locales perciben beneficios reales del turismo.
Los datos más recientes del sector apuntan a una evolución clara. El interés por viajar de forma más responsable se mantiene alto, pero ya no se limita a reducir residuos, ahorrar energía o elegir alojamientos con certificaciones ambientales. Ahora incorpora decisiones como viajar fuera de temporada, evitar destinos saturados, consumir en negocios locales, usar transporte público o tener en cuenta el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos antes de reservar.
Según el informe anual de Booking sobre viajes y sostenibilidad publicado recientemente, el 85% de los viajeros considera importante o muy importante viajar de forma más sostenible. El estudio, realizado entre 32.500 personas de 35 mercados, también señala que el 74% tiene en cuenta el riesgo de clima extremo al elegir destino y fechas de viaje, y que casi un tercio ha cancelado o cambiado sus planes en el último año por fenómenos como altas temperaturas, tormentas, incendios o inundaciones.
Viajes sostenibles: menos discurso y más decisiones concretas
La sostenibilidad turística entra en una etapa más pragmática. Para buena parte de los viajeros, el compromiso ya no se mide solo en intención, sino en decisiones concretas antes y durante el viaje.
Entre las tendencias más relevantes figura la elección de destinos menos masificados. El 43% de los viajeros afirma que planea evitar lugares turísticos con exceso de afluencia, mientras que el 42% prevé viajar fuera de temporada alta. Además, uno de cada cuatro buscará destinos con temperaturas más frescas, un dato que refleja hasta qué punto el cambio climático empieza a modificar la geografía del deseo turístico.
Este cambio tiene una lectura doble. Por un lado, responde a la búsqueda de experiencias más tranquilas, auténticas y asequibles. Por otro, supone una forma de aliviar la presión sobre territorios que llevan años gestionando problemas de saturación, encarecimiento de la vivienda, congestión urbana o pérdida de calidad de vida para los residentes.
El clima ya condiciona cuándo y dónde viajar
El clima extremo se ha convertido en un factor de planificación turística. Ya no aparece solo como una amenaza abstracta asociada al futuro, sino como una variable inmediata que influye en reservas, cancelaciones y cambios de destino.
El informe recoge que el 68% de los viajeros evita activamente destinos conocidos por fenómenos meteorológicos extremos. También señala que el 55% considera estresante reservar un viaje por la incertidumbre climática y que otro 55% cree que algunas zonas se han vuelto demasiado calurosas para visitarlas en las fechas deseadas.
Esta realidad abre una nueva etapa para el turismo. Los destinos que dependían de temporadas muy concentradas deberán adaptarse a calendarios más flexibles, reforzar infraestructuras y comunicar con transparencia sus condiciones climáticas. Para los viajeros, la sostenibilidad empieza también por elegir mejor el momento del viaje, no solo el lugar.
Las comunidades locales entran en el centro del debate turístico
Uno de los cambios más significativos en torno a los viajes sostenibles es la creciente atención al impacto sobre las comunidades locales. El turismo se valora como motor económico, pero también como fuente de tensiones cuando no se gestiona con equilibrio.
El estudio indica que el 60% de los encuestados considera que el turismo tiene un impacto positivo en el lugar donde vive. Entre los beneficios más citados aparecen el crecimiento económico, la creación de empleo y una mayor oferta de ocio. Sin embargo, los residentes también identifican problemas claros: congestión del tráfico, aumento de residuos, subida del coste de vida y masificación.
La respuesta no pasa necesariamente por dejar de viajar, sino por viajar de otra manera. Elegir barrios menos saturados, visitar ciudades secundarias, comprar en comercios independientes o desplazarse en transporte público son decisiones que pueden reducir la fricción entre visitantes y residentes.
Gastar mejor: el impacto económico de elegir negocios locales
El gasto turístico es una de las herramientas más directas para generar impacto positivo. Comer en restaurantes familiares, comprar en mercados, contratar guías locales o reservar actividades gestionadas por pequeñas empresas permite que una mayor parte del dinero permanezca en la economía del destino.
La investigación señala que el 45% de los viajeros planea comprar más en tiendas locales e independientes durante sus desplazamientos. También apunta que una parte de la población residente reclama más apoyo a artesanos y pequeños negocios como vía para que el turismo beneficie de forma más visible a las comunidades.
Este enfoque redefine la idea de consumo turístico. No se trata solo de gastar menos o encontrar experiencias singulares, sino de preguntarse quién recibe el beneficio de cada decisión de viaje. En un contexto de encarecimiento de la vida en muchos destinos, esa pregunta gana peso reputacional, social y económico.
Viajar fuera de temporada, una práctica cada vez más relevante
La desestacionalización aparece como una de las claves de los viajes sostenibles. Mover un viaje unas semanas o elegir meses de menor afluencia puede ayudar a repartir mejor los ingresos, reducir la presión sobre servicios públicos y mejorar la experiencia del visitante.
El 42% de los viajeros afirma que busca viajar fuera de temporada alta. Al mismo tiempo, una parte de los residentes quiere que sus territorios promuevan momentos alternativos de visita para evitar picos de saturación.
La tendencia tiene además un componente económico. Viajar en temporada media suele abaratar alojamientos y transporte, facilita el acceso a espacios menos congestionados y favorece un contacto más pausado con la vida local. La sostenibilidad, en este caso, no implica necesariamente pagar más, sino planificar con más criterio.
La paradoja generacional de los viajes sostenibles
El informe también detecta una paradoja generacional. Los viajeros más jóvenes expresan una intención más alta de viajar de manera sostenible, pero las generaciones mayores declaran más acciones concretas en hábitos como reducir residuos, ahorrar energía o viajar fuera de temporada.
Entre quienes prevén viajar de forma más sostenible, el 67% de los boomers afirma que reducirá residuos durante sus viajes, frente al 48% de la generación Z. También son más propensos a reducir el consumo energético y a elegir periodos fuera de temporada alta. En cambio, los viajeros jóvenes destacan más en actividades vinculadas al aprendizaje sobre culturas locales, comunidades indígenas o conservación de ecosistemas.
La conclusión es relevante para destinos, empresas y administraciones: no existe un único perfil de viajero sostenible. Las motivaciones, los hábitos y las barreras cambian por edad, presupuesto, tipo de viaje y nivel de información.
Cómo hacer viajes sostenibles sin caer en el gesto vacío
Los viajes sostenibles no dependen de una sola decisión, sino de una suma de elecciones coherentes. La clave está en reducir impactos negativos y aumentar beneficios locales sin convertir la experiencia en una lista rígida de obligaciones.
Algunas prácticas ganan fuerza: elegir alojamientos con certificaciones verificables, evitar destinos saturados en temporada alta, moverse a pie, en bicicleta o transporte público, reducir residuos, respetar costumbres locales, consumir en negocios independientes y consultar información climática antes de reservar.
También conviene desconfiar de los mensajes demasiado genéricos. La sostenibilidad en turismo necesita pruebas, no solo etiquetas. Para el viajero, esto implica mirar más allá de los reclamos comerciales. Para el sector, exige transparencia, medición y coherencia entre lo que se promete y lo que realmente ocurre en destino.
Un nuevo contrato entre viajeros y destinos
El auge de los viajes sostenibles refleja un cambio de fondo en la cultura turística. Viajar ya no se percibe solo como una experiencia individual, sino como una actividad con efectos sobre territorios, economías locales, ecosistemas y formas de vida.
La buena noticia es que muchas de las decisiones más responsables son también las que mejoran la experiencia: menos colas, más contacto local, precios más equilibrados, rutas menos previsibles y una relación más respetuosa con los lugares visitados.
El reto está en convertir la intención en hábito. Porque el futuro del turismo no dependerá únicamente de cuántas personas viajen, sino de cómo, cuándo, dónde y con qué impacto lo hagan. En esa respuesta se juega buena parte del verdadero significado de los viajes sostenibles.











